
Gracias, querido Dios,
doy a ti con regocijo,
al mirar por el cortijo,
La madre que diste.
*
Ella es santa y de alma pura,
Pues me corrige con ternura,
A veces, he visto su mirada con tristeza,
Cuando algo no esta bien, en mi cabeza.
*
Su consejo es como canción,
Pues me formaste un campeón,
En mi sendero alumbra ella,
Es como luz de una estrella.
*
Es buena, Yo la quiero,
Comprendí, que nadie me ama así,
Ni me da su amor entero,
Ella me alegró, cuando me aburrí.
*
Cuando yo era niño, me servía un tamal,
¡Oh! Dios te pido, guárdala de todo mal,
Madre tu eres como una melodía,
Estoy seguro que sin ti, yo moriría.
Autor: José Luis Zepeda